domingo, 14 de junio de 2009

"Still Walking" y el poder de la ausencia


SINOPSIS: La película presenta un drama familiar y transcurre en un día de verano, en el que unos hijos ya adultos visitan a sus ancianos padres, que han vivido durante décadas en la residencia familiar. El hijo y la hija vuelven, junto con sus respectivas familias, para una reunión inusual, con el fin de conmemorar la trágica muerte del hijo mayor, que falleció en accidente quince años atrás. Aunque el caserón y el menú de la madre apenas hayan cambiado con el paso de los años, se aprecian ligeros cambios en cada miembro de la familia. Se trata de una típica familia, donde reinan el amor, los rencores y los secretos.

CRÍTICA: No deja de ser curioso que en una semana haya tres películas en la cartelera que retraten dramas familiares relacionados con la pérdida. La semana pasada analizaba “Un cuento de Navidad”, un retrato sobre una familia que antaño había perdido a uno de sus miembros. En “Still Walking” la situación es muy similar, sólo que el retrato de Koreeda posee un tono más poético, pausado y natural que el de Despelchim. A ellas se les añade “Génova”, de Michael Winterbottom, la cual nos habla de una familia que ha perdido a la madre y se traslada a la ciudad italiana para buscar un nuevo comienzo.

Sin embargo, a pesar de las notables diferencias de estilo, en todas estas películas la ausencia se erige como el máximo poder condicionante. Los tres directores conciben la familia como un organismo vivo, un todo de cada una de sus partes; de tal modo que cuando una de ellas se pierde, ese todo nota la ausencia y es incapaz de recomponerse. En “Still Walking”, la ausencia del hijo fallecido está siempre presente; esta paradoja es precisamente la brecha a través de la cual Koreeda explora el interior de sus personajes. Hasta puede decirse que todas las escenas dejan un espacio a ese vacío existente en la familia y que ha transformado a cada uno de sus miembros: el otro hijo no puede evitar compararse con el fallecido y sufrir la desilusión de su padre. Por su parte, la madre desahoga su dolor sobre el responsable de la muerte de su hijo, sometiéndolo a una dura humillación.

El gran logro de Koreeda en esta obra es vestir la situación como una tranquila reunión familiar en la que pequeños detalles nos dejan ver la dolorosa verdad. Y es que el director nipón comprende perfectamente que el cine es la capacidad de jugar con la ausencia. La historia del séptimo arte ha demostrado que el potencial de la historia debe ser como un iceberg: se ha de mostrar sólo una parte de la verdad, pues al emplear la sugerencia esa verdad distribuye su fuerza desde el inicio hasta el final del relato. La ausencia del hijo fallecido se hace presente en unos pocos momentos del filme a través de varias maneras (conversaciones, fotografías, su lápida, una mariposa…). Es esa ejemplar distribución la que provoca un increíble poder evocador en la historia, un poder que nos indica que esa ausencia es el pilar del relato.



Koreeda también ofrece una brillante lección de cine al utilizar el lenguaje más apropiado para la historia: un estilo que bebe directamente del maestro Yasujiro Ozu, pero perfectamente adaptado a nuestro tiempo. “Still Walking” recurre en varias ocasiones a esos planos estáticos y contemplativos tan característicos de obras maestras de Ozu como “Cuentos de Tokio” o “Primavera tardía” (en las cuales también se produce el choque generacional), pero los completa con otros planos detalle que favorecen al dinamismo y al simbolismo. Además, tal y como indica el título (“Caminando”), Koreeda convierte el paseo en un recurso habitual, y lo hace para señalar que la vida sigue su camino a pesar de las pérdidas, y que los muertos siguen presentes en la memoria de los vivos.

Por tanto, “Still Walking” constituye todo un ejemplo de puro cine al lograr una perfecta armonía entre estilo (o relato) e historia, así como una perfecta muestra simbólica de uno de los mayores dramas que asolan a las familias: la pérdida de uno de sus miembros. Al igual que en esta película, el cine contemporáneo también juega con la ausencia de obras maestras, de modo que cuando éstas asoman se produce una doble satisfacción.

TITULO ORIGINAL Aruitemo, Aruitemo (Still Walking) Japón 2008. 108 min. DIRECTOR Hirokazu Koreeda (AKA Hirokazu Kore-eda) GUIÓN Hirokazu Koreeda (AKA Hirokazu Kore-eda) MÚSICA Gonchichi FOTOGRAFÍA Yutaka Yamasaki REPARTO Abe Hiroshi, Natsukawa Yui, You, Takahashi Kazuya, Kiki Kirin

sábado, 6 de junio de 2009

'Un cuento de Navidad", retrato desconcertante de una familia peculiar


SINOPSIS: Drama sobre una familia que ha de luchar contra una rara enfermedad genética, por la cual han perdido ya a un hijo y perderán a otro miembro de la familia si no encuentran un donante compatible de médula ósea.

CRÍTICA: La sensación que se produce mientras se contempla la nueva obra de Arnaud Despelchin es una mezcla entre confusión y desconcierto. El espectador asiste a una narrativa completamente diferente a la que está acostumbrado, un modo de contar completamente imprevisible, en el que cualquier personaje parece tener una total y absoluta libertad para hacer lo que quiera. Esto recuerda, sin duda, a la tesis de Jean Luc Godard en Al final de la escapada: no existe un modo de contar una historia, pues es el espectador el que recoge los fragmentos y da sentido al montaje. Aunque “Un cuento de Navidad” no es una película representativa de la Nouvelle Vague, sí bebe de su espíritu de rebeldía ante un estándar narrativo impuesto por la tradición.


El guión de Despelchin y Emmanuel Bourdieu apuesta por una historia que se descubre a sí misma, que no se pone barreras. En ella, los personajes navegan en el mar en lugar de en una pecera. El más paradigmático es el interpretado por Mathieu Amalric, un hombre desequilibrado, sin rumbo y con un carácter impredecible, que combina leves momentos de madurez discursiva con incesantes brotes de infantilismo. También destaca, por supuesto, Catherine Deneuve, una madre que no siente amor por nadie de esa familia, y que de pronto se ve obligada a necesitar de ella para obtener un transplante de médula. Es necesario añadir que las interpretaciones de Amalric y Deneuve son absolutamente espectaculares. Mientras que el primero sabe repartir el histrionismo con brillantez, Deneuve dota a su personaje de una desafección cínica tan lograda que da la impresión de que la actriz se interpreta a sí misma.

Pero “Un cuento de Navidad” es, ante todo un retrato de una familia marcada por una sangre débil que ha condicionado los destinos de sus miembros, en concreto desde que el primer hijo del matrimonio falleciera cuando sólo era un niño. A ello se le une la desdichada vida del resto de los hijos: la mayor es una mujer depresiva y con un hijo autista, el mediano es un indigente desequilibrado y el pequeño tuvo serios problemas psicológicos en la infancia y ahora está casada con una mujer enamorada de su primo, el cual es un artista amargado por renunciar a la mujer que siempre amó.



Este puñado de partículas que forman la familia, chocan entre sí en la reunión de Navidad, en la que todos se ven obligados a asistir. A través de esa reunión, comienza una sucesión de situaciones en las que se van descubriendo las huellas del pasado y las motivaciones internas de cada miembro de la familia. Cabe decir que se produce un excelente dibujo de cada personaje y todas las historias están perfectamente compensadas, por lo que no sabría decirse quiénes son los protagonistas principales.

Quizá, el mayor defecto de esta película también suponga para otros la mayor de sus virtudes: el desconcierto. La falta de un modelo de camino a seguir deja al espectador en una situación que, unida a la excesiva longitud del metraje, puede llegar a provocar el aburrimiento, el peor enemigo de una historia. Aunque quizá ello se deba a la falta de acostumbramiento de una audiencia educada en la cultura del fast-easy-food cinematográfico.

Por tanto, “Un cuento de Navidad” es una película atrevida en un contexto nada favorable, una apuesta por una narrativa diferente, ya que busca encontrar un rastro de vida y compasión en una gama de personajes azotados por la muerte. Y eso no puede lograrse a través del sentimentalismo americano.

TITULO ORIGINAL Un conte de Noël .Francia. 2008. 150 min. DIRECTOR Arnaud Desplechin GUIÓN Arnaud Desplechin, Emmanuel Bourdieu MÚSICA Grégoire Hetzel FOTOGRAFÍA Eric Gautier REPARTO Catherine Deneuve, Jean-Paul Roussillon, Mathieu Amalric, Anne Consigny

sábado, 30 de mayo de 2009

“Ángeles y demonios” y el relativismo cinematográfico


SINOPSIS: El profesor de simbología religiosa Robert Langdon se ve pronto sumido en la búsqueda de secretos de una antigua secta satánica denominada Illuminati y por la búsqueda del arma más mortífera de la humanidad (antimateria) que estos han puesto en el Vaticano. Con unas pocas horas para evitar el desastre, unos misteriosos ambigramas y con un asesino que siempre lleva la delantera, Langdon y una científica italiana se ponen en una carrera contra el reloj. Adaptación del segundo best-seller más conocido de Dan Brown (autor de “El código Da Vinci”).

CRÍTICA: Siempre se ha dicho que el arte de una determinada época es un reflejo de la misma. Aunque puede que esta afirmación no se cumpla en todos los casos, sí podemos decir que sí lo hace en esta película. “Ángeles y demonios” plantea desde el principio un enfrentamiento entre dos fuerzas que han estado en constante lucha a lo largo de la historia: la ciencia y la fe. Ambas fuerzas tienen un elemento en común: las dos son absolutas. Para la ciencia, todo obedece a unos patrones científicos; para la iglesia, divinos.



Por esta razón, resulta incomprensible el mensaje final de la película: no hay posibilidad de conciliación. Es más, puede que las dos estén equivocadas, o en lo cierto. Este relativismo, engendrado de la corrección política, se ve perfectamente plasmado en el personaje de Tom Hanks. Langdom, a pesar de su inteligencia, no posee ninguna base firme en su pensamiento. Le fascinan los enigmas y la historia de la religión, sin embargo, cuando le preguntan en qué cree, su respuesta no es clara, ya que prefiere seguir oscilando entre un lado y otro. El problema es que esa actitud se la contagia a toda la película: nadie es quien parece ser y nadie es imprescindible, y tampoco hay posibilidad de saber algún día la verdad, ya que puede que no la haya.

Cuesta creer que este guión lleve el sello de grandes guionistas como son Akiva Goldsman y David Koepp, los cuales dejan pasara diálogos muy poco trabajados y reflexiones de escasa profundidad, así como una serie de enigmas que en algunos momentos llegan a resultar ridículos. Además, la película deja de lado el misterio y se centra en una carrera a contrarreloj que termina llevando al aburrimiento más absoluto. Para colmo, el final da un giro tan previsible como paradójico, ya que se convierte en una total negación de todo lo dicho hasta el momento. Ello deja entrever una conclusión que afirma que las verdades absolutas no tienen cabida en el contexto en el que se enmarca este filme.

Poco más se puede decir de una película que, aparte de atacar a los mismos con las mismas armas, no propone absolutamente nada sobre un debate que lleva en la palestra desde hace siglos, ni de un lado ni de otro. “Ángeles y demonios” constituye, por tanto, un fiel reflejo de esta sociedad para la cual todo es relativo, donde no existe ninguna ley que regule los destinos de las personas. Al final, nada importa, todo cambia a placer, no hay normas absolutas. Por tanto, la mejor actitud posible es la de Langdon: cultivar una inteligencia sin un objetivo claro; o también la de Ron Howard: hacer películas que no digan nada sobre aspectos que dan mucho de qué hablar.

TITULO ORIGINAL Angels & Demons. 2009 EEUU 138 min. DIRECTOR Ron Howard GUIÓN Akiva Goldsman, David Koepp (Novela: Dan Brown) MÚSICA Hans Zimmer FOTOGRAFÍA Salvatore Totino REPARTO Tom Hanks, Ayelet Zurer, Ewan McGregor, Stellan Skarsgard.

viernes, 22 de mayo de 2009

‘Star Trek’ y la (r)evolución narrativa


SINOPSIS: Nueva entrega de la mítica saga de Star Trek, en la cual se cuentan el comienzo de las aventuras de la USS Enterprise y su tripulación, comandada por el clásico Capitán Kirk (Chris Pine) y Spock (Zachary Quinto). . La tripulación de la USS está liderada por el Capitán Christopher Pike (Bruce Greenwood). También están el Oficial Médico, Leonard "Bones" McCoy (Karl Urban); el hombre que pasará a ser el ingeniero jefe del buque, Montgomery "Scotty" Scott (Simon Pegg); el oficial de comunicaciones Uhura (Zoë Saldaña); el experimentado Timonel Sulu (John Cho) y el joven de 17 Chekov (Anton Yelchin). Todos se enfrentan a un angustioso primer ensayo frente al amargado Nero (Eric Bana).

CRÍTICA: Es interesante comprobar cómo, desde El caballero oscuro, la industria cinematográfica actual ha dado un giro de 180 grados en lo que al tratamiento de historias se refiere. Ahora, toda productora que se precie sueña con un “combo” que incluya un éxito de taquilla con un éxito de crítica. Lo cierto es que el panorama actual de ficción audiovisual ha dejado ver que toda obra tiene un legado que debe dejar una buena huella, para que las futuras secuelas puedan seguir su misma estela. Y es que las películas se han quedado cortas. Si antes, su mayor añadido eran sus avances técnicos, lo que ahora pide el público son adelantos narrativos. Hollywood se encuentra ahora mismo en una de las mayores revoluciones de su historia, ya que los avances técnicos ya casi han alcanzado su cenit: todo lo visualmente imaginable ya es posible. Esto ha provocado que la audiencia comience a pedirle a las obras de ficción un relleno a ese bello envoltorio que las recubre. Un relleno que en los últimos años se ha encontrado en la televisión, concretamente en obras maestras como Los Soprano, Hermanos de Sangre, A dos metros bajo tierra, John Adams o Perdidos.



Las series de televisión tienen como misión principal la fidelización de la audiencia, un objetivo que debe ir cumpliéndose en cada capítulo. Por ello, cada pieza debe poseer una calidad narrativa mínima que mantenga el interés del espectador en vilo hasta la semana siguiente. Lo mejor de todo es que la HBO, (una cadena de pago que no tiene la presión de la publicidad), ha puesto el listón de calidad tan alto que aquellas series que no gozan de una riqueza en sus historias comparable a las de esta cadena están condenadas al fracaso. Es por eso que el rey de la televisión no es el director, como en las películas, sino el guionista (o guionistas), el arquitecto de la historia, de cuya pluma depende el éxito de una serie. La realidad es que las series se han “comido” al cine; el cual se ha visto obligado a evolucionar uniendo su condición de espectacularidad a una profundidad narrativa. Una combinación que da como resultado productos exitosos como El caballero oscuro. Para conseguir dicha profundidad, Hollywood se ha visto obligado a buscar allí donde ésta se encuentra: en el antaño maltratado mundo del guión, que ahora ha encontrado su hueco en la televisión. Y he aquí el resultado, un guionista de televisión, dirigiendo una superproducción hollywoodiense como es Star Trek.



Hago esta reflexión para poder colocar al espectador en el contexto cinematográfico más actual, un contexto en el que los que mandan son aquellos que tratan lo la esencia de la ficción: sus historias. J.J. Abrams comenzó su andadura como guionista en películas como A propósito de Henry, o Armageddon. Luego daría el salto a la televisión de la mano de series como Felicity y Alias. Esta última lo consagró como uno de los iniciadores de lo que podríamos denominar como “series cinematográficas”, un concepto que alcanzó su culmen con el siguiente trabajo de este “ficcionalista multidisciplinar” (es guionista, productor y director): Perdidos, considerada como la serie más innovadora de la televisión y paradigma principal de la nueva narrativa audiovisual contemporánea.

El concepto de “series cinematográficas” se define como la aplicación en las series de elementos que hasta entonces se utilizaban en el cine. Me refiero a elementos como el tipo de historia, el coste de producción, las interpretaciones, los planos, técnicas narrativas (los “flashbacks”) etc. De este modo, las series han terminado por convertirse en “películas alargadas”; lo cual ha permitido una mayor profundización en los personajes que forman la historia, y ésa es la principal baza de su éxito. Hay que apuntar que la originalidad de este nuevo formato no estriba en sus historias, sino en su aplicación. Porque la originalidad no es la creación de algo nuevo de la nada, sino una combinación nueva de elementos ya existentes en otros ámbitos. Ésa es la base de las “series cinematográficas” y del pensamiento de Abrams.

En el caso de Star Trek, Abrams (que confesó que nunca fue fan de esta saga) aplicó su forma de trabajo a rajatabla. Para él, lo más importante era la creación de un producto nuevo a partir de historias ya conocidas y un contexto ya consolidado como es el de Star Trek. El personaje del capitán Kirk es una copia exacta de otros ya existentes (por ejemplo, Mel Gibson en Arma Letal), así como el conflicto de Spock: un hombre marcado por el rechazo que sufre de su raza debido a su condición mestiza (como Aragorn en El Señor de los Anillos), y la condición vengativa de Nero (la misma que la de Ed Harris en La Roca).

A ello se le debe unir una historia en la que se mezclan los ingredientes de la ciencia-ficción más extrema: naves espaciales, civilizaciones interestelares o viajes en el tiempo (una idea muy recurrente en la filmografía de Abrams). Sin embargo, dicha mixtura resulta cercana al público, ya que las fuentes de las surge tal jugo narrativo son de sobra conocidas. Por tanto, Star Trek es una película que bebe de otras películas, de toda una tradición cinematográfica que facilita la comprensión del público, el cual está preparado para recibir más elementos. Esto quiere decir que la nueva narrativa permite contar más en menos tiempo, lo cual permite invertir más tiempo en escenas espectaculares o humorísticas, las cuales perfilarán la impresión final del espectador hacia la película. Por esa razón, la visión unánime sobre esta película es que se trata de un producto entretenido de principio a fin y cuya complejidad es completamente accesible.

De momento, Star Trek se presenta como un concepto en sí mismo, un manifiesto de esta nueva “narrativa de reciclaje”; el cual terminará por agotarse, pero dará lugar a otros nuevos modos de contar. Porque en el mundo de las historias el único límite es la capacidad perceptiva de aquel al que van dirigidas, una capacidad que puede ser desarrollada hasta el infinito. Para ello, sólo ha hecho falta tiempo. De momento, ya llevamos muchos siglos de historias y más de cien años de cine.

TITULO ORIGINAL Star Trek XI. EEUU 2009 126min DIRECTOR J.J. Abrams GUIÓN Alex Kurtzman, Roberto Orci (Personajes: Gene Roddenberry) MÚSICA Michael Giacchino FOTOGRAFÍA Daniel Mindel REPARTO Chris Pine, Zachary Quinto, Eric Bana, Winona Ryder, Zoe Saldana, Karl Urban, Leonard Nimoy

domingo, 3 de mayo de 2009

'Ponyo en el acantilado': una realidad cambiante en un estilo inamovible



SINOPSIS: La historia se centra en Sasuke, un muchacho de 5 años, y su relación con una niña pez que ansía convertirse en un ser humana, mientras que su padre, Fujimoto, desea que permanezca con él en el fondo del mar. Libre adaptación de "La sirenita" que obtuvo muy buena acogida de la crítica en el Festival de Venecia 2008.

CRÍTICA: Hayao Miyazaki es una de las mentes más brillantes que pueblan la cinematografía de nuestros días, y no sólo en la animación, donde está considerado casi una deidad, sino también en el todos los aspectos del séptimo arte. Su impecable filmografía habla por sí misma: Porco Rosso, El Castillo en el cielo, La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro o El castillo ambulante son auténticas muestras de arte en movimiento que aplican la ideología de la superación en cada una de ellas. Sin embargo, hay algo que no cambia: una técnica de animación tradicional que el autor lleva utilizando y mejorando desde sus primeras obras. Se trata de una técnica tan bien elaborada que apenas se notan diferencias en películas tan distantes entre sí.


La gran pregunta que surge de inmediato es por qué Miyazaki continúa utilizando sus viejas herramientas en lugar de servirse de las más nuevas y sofisticadas. La respuesta, a mi juicio, es sencilla. Miyazaki lleva tanto tiempo utilizando sus viejos pinceles, que ha conseguido una maestría única que le permite hacer absolutamente cualquier cosa que se le pase por la cabeza. Todo lo que quepa en una plantilla puede convertirse en realidad de la mano del genio japonés. Además, su técnica es la única que le permite manejar a su gusto la textura característica de la que gozan los elementos que pueblan sus obras: una blandura mórfica y caprichosa capaz de alcanzar cualquier tamaño y forma en cuestión de segundos, un reto relativamente fácil de realizar para un animador tradicional, pero de gran dificultad para uno virtual. De este modo, el arrojo y la imaginación de Miyazaki serían muy costosas en caso de que sus obras fueran virtuales, ya que no habría lugar para experimentos plásticos ni tampoco improvisación. La animación 3D merma la capacidad creadora de aquellos que tienen pocos medios, por eso las películas de Miyazaki están repletas de escenas en las que la plástica cobra protagonismo por encima de la historia, creando un espectáculo estético e inigualable que es consecuencia de una libertad creadora envidiable.


Otro aspecto destacable del estilo de Miyazaki es su constante reflexión sobre la relación hombre-naturaleza. Su tradición Zen describe una reciprocidad entre estos dos elementos: para alcanzar el equilibrio, el hombre debe estar en contacto con la naturaleza, ya que cualquier abuso puede tener serias consecuencias para ambos; sobre todo para el hombre, ya que la naturaleza puede reponerse. Por ello, Miyazaki nunca deja de abogar por ese equilibrio ecologista en todas sus obras, para lo cual se sirve de los dioses que pueblan la tierra y que sufren las consecuencias de la conducta autodestructiva del hombre. Quizá por eso Miyazaki prefiera que todos sus protagonistas sean niños, ya que todavía poseen esa inocencia que les hace ser más respetuosos con el medio que les rodea.



“Ponyo en el acantilado” recoge todos los rasgos de este estilo e innova sobre ellos para crear un espectáculo visual inigualable, a la vez que una historia que rebosa ternura e inocencia, y que pretende hacernos ver que para encontrar el equilibrio no es necesario un don especial ni grandes riquezas, sino que basta con algo que todo ser humano posee, pues es lo que le caracteriza: la voluntad. La mejor herramienta de una persona para llegar a su propia felicidad es el deseo de serlo y el empeño en conseguirlo. Y todo ello se hace posible, si el ser humano se desprende de sí mismo y busca la armonía entre sus semejantes y el medio en el que viven. Una vez más, en esta obra la protagonista es una niña que se introduce en un mundo que le es ajeno. Miyazaki no parece querer esconder su fascinación por la Alicia de Lewis Carroll, ya que la convierte en un referente cada vez más constante (ya lo hizo con El viaje de Chihiro o El castillo ambulante), aunque esta última obra se trata una renovación de La sirenita de Andersen. Resulta admirable la capacidad de este maestro para introducirse en las mentes infantiles e intuir de qué manera actuarían en caso de encontrarse en las fantásticas y grotescas situaciones en las que coloca a sus personajes.


Sin embargo, a pesar de lo extraño que nos pueda resultar el universo de Miyazaki (ya que está basado en la cultura nipona), el aroma clásico con el que impregna sus historias provoca que dicho mundo posible termine por parecernos más cercano que la realidad misma. No importa que la trama se desarrolle en Europa, en un bosque mágico, en un país imaginario, en el cielo o en el mar, pues en todas ellas encontramos una humanidad con la que nos identificamos plenamente, y de la cual siempre podremos aprender.

TITULO ORIGINAL Gake no Ue no Ponyo (Ponyo on the Cliff by the Sea) JAPÓN. 2008. 100 min. DIRECTOR Hayao Miyazaki GUIÓN Hayao Miyazaki MÚSICA Joe Hisaishi, Naoya Fujimaki PRODUCTORA Studio Ghibli

sábado, 25 de abril de 2009

"La sombra del poder", al filo de la realidad.


SINOPSIS: Cal McCaffrey (Russell Crowe) es un periodista de Washington DC cuyo olfato le lleva a desenmarañar los misteriosos asesinatos de algunas de las figuras más prometedoras de la política y la gran empresa. El apuesto e imperturbable congresista Stephen Collins (Ben Affleck) ha sido elegido presidente del comité que supervisa los gastos de Defensa. De pronto, alguien asesina brutalmente a su ayudante/amante, y los secretos se escapan de su escondite. Mientras sigue la pista del asesino con la ayuda de su compañera Della (Rachel McAdams), McCaffrey descubre una tapadera que amenaza con hacer temblar las estructuras del poder de la nación.

CRÍTICA: Hay películas que no están hechas para sorprender a los espectadores, sino para hacerles pensar sobre el mundo en el que viven. “La sombra del poder” pretende ser una de ellas. En estos tiempos en los que los cineastas suelen dejar de lado la inteligencia del espectador, todavía quedan algunos que intentan hacer un cine de mayor complejidad. En los últimos años, el espectador cinematográfico se h acostumbrado a recibir en sus ojos una trama tan masticada que en ocasiones llegaba a convertirse en papilla mental, tan fácil de digerir como expulsar.


En esta película, Kevin MacDonald nos sumerge en un escenario tan cotidiano como extraño: la realidad; de la cual extrae a un espécimen igualmente raro como es el ser humano. Es curiosa la verosimilitud de la que gozan todos los personajes de la película. A pesar de que parecen pertenecer a un determinado estereotipo, es imposible sacarlos de un contexto real, pues se nos ha situado en él de un modo imperceptible. O quizás todo sea más preocupante que nunca. Quizá este cine del presente posea tan pocos índices de humanidad, que cuando una obra clava su bisturí con un poco más de fuerza la sangre sale a borbotones.



De todos modos, MacDonald ha contado para esta película con un reparto colosal. Russell Crowe está perfecto en su papel de periodista experto, solitario y autocompasivo. Helen Mirren mantiene su estatus de actriz consolidada interpretando a una incisiva directora de periódico. Hasta el inmóvil Ben Affleck logra dar la talla en este thriller policiaco de diálogos elegantes y ritmo casi perfecto. Aunque ni por asomo logra la perfección cinematográfica, no podemos decir que haya muchas cosas en esta película que sean prescindibles, por lo que su capacidad de convertir el tiempo en algo paulatino ya es un logro. Esto se debe, sin duda, a la excelente labor de sus guionistas, todos expertos en cine político: Matthew Michael Carnahan ("Leones por corderos", Tony Gilroy ("Michael Clayton") y Peter Morgan ("Frost contra Nixon).

Por tanto “La sombra del poder” es un título más que aconsejable de entre los que pueblan la taquilla esta semana. Una apuesta seria y bien construida que mantiene las esperanzas en aquellos que creemos en el arte bien hecho.

TITULO ORIGINAL State of Play EEUU 2009, 127 min DIRECTOR Kevin Macdonald GUIÓN Matthew Michael Carnahan, Tony Gilroy, Peter Morgan (Remake: Paul Abbott) MÚSICA Alex Heffes FOTOGRAFÍA Rodrigo Prieto REPARTO Russell Crowe, Ben Affleck, Rachel McAdams, Robin Wright Penn, Jason Bateman, Helen Mirren, Jeff Daniels,

lunes, 13 de abril de 2009

'Señales del futuro' y la ciencia ficción

SINOPSIS: Año 1959: durante la inauguración de un nuevo colegio, los estudiantes guardan en una cápsula del tiempo varios objetos. Lucinda, una de las niñas, guarda un papel en el que ha escrito extraños números. Cincuenta años después, la cápsula del tiempo es desenterrada y Caleb (Chandler Canterbury), el hijo de John Koestler (Nicolas Cage), un profesor de astronomía viudo, recibe la misteriosa nota de Lucinda. John descubrirá enseguida que esos números esconden predicciones escalofriantes, algunas de las cuales ya han sucedido mientras que otras aún no.

CRÍTICA: He aquí la nueva y esperada película de Álex Proyas, director de la interesante 'Dark City' y la pasable 'Yo Robot', que una vez más vuelve a anunciar un futuro apocalíptico para el ser humano. Esta vez, el motor de la trama es un papel repleto de números que predicen catástrofes irremediables. A pesar de tratarse de una idea de cierta originalidad, 'Señales del futuro' la rodea del más absoluto convencionalismo, dando lugar a una trama repetitiva que bien pudiera haberse colocado también si en lugar de unos números hubieran sido unos dibujos, unas esculturas o un CD de música.

El amplio background narrativo que poseen géneros hermanados como son la Ciencia-ficción, el Terror y el Thriller, está creando la tendencia de recurrir a tramas estándar con leves diferencias entre ellas, lo cual da lugara tramas de desarrollo sólido, pero también a una constante sensación de déjà vu por parte del espectador.
Por tanto, la película de Álex Proyas posee un desarrollo muy entretenido, y el director maneja habilidosamente la tensión e incertidumbre del film hasta el final. Un final que, sin duda, es lo peor de todo el metraje y que arrastra a esta película al cajón del olvido. Eso es lo que ocurre cuando una obra depende fundamentalmente del final, es decir, de las expectativas que genera aquello que esconde durante todo el relato, y que cada vez con más frecuencia quedan frustradas.



La ciencia-ficción es y siempre ha sido uno de los géneros más cinematográficos. Sólo el cine puede mostrar mejor que ningún otro modo de expresión las realidades científicas más visionarias. películas como 'Blade Runner' o 'Matrix' han pasado a los anales de la Historia no sólo como grandes películas, sino también como foco de cuestiones filosóficas y sociales que son inevitables cuando alguien se propone predecir el futuro del ser humano. En ambas películas se anunciaba que éste terminaría siendo víctima de una total y absoluta falta de perspectiva, pues lo ficticio acabaría devorando a lo real mediante la simulación de sensaciones.

No deja de ser curioso que la ciencia-ficción suela basar su trama principal en la auto-destrucción del ser humano. Sea como sea el futuro siempre se nos plantea pesimista y negro, y lo peor es que dicha negrura es una consecuencia lógica de las actividades y tendencias del presente. Por tanto, debemos sonsacar que el ser humano es consciente de su propia autodestrucción y no está dispuesto a reaccionar. No obstante, aunque el cine permite acercar ciertas realidades a los espectadores, también las aleja de ellos al situarlas en un medio que se utiliza para representar lo ficticio, por lo que al final todo se vuelve “de película”. En conclusión, se plantea una curiosa paradoja: el cine es el mejor modo de representar las “señales del futuro”, pero éstas pierden su conexión con la realidad en cuanto aparecen proyectadas en una pantalla.


TITULO ORIGINAL Knowing EEUU 2009 130 mins DIRECTOR Alex Proyas GUIÓN Ryne Douglas Pearson, Juliet Snowden, Stiles White, Stuart Hazeldine MÚSICA Marco Beltrami FOTOGRAFÍA Simon Duggan REPARTO Nicolas Cage, Rose Byrne, Chandler Canterbury, Ben Mendelsohn.