domingo, 14 de junio de 2009

"Still Walking" y el poder de la ausencia


SINOPSIS: La película presenta un drama familiar y transcurre en un día de verano, en el que unos hijos ya adultos visitan a sus ancianos padres, que han vivido durante décadas en la residencia familiar. El hijo y la hija vuelven, junto con sus respectivas familias, para una reunión inusual, con el fin de conmemorar la trágica muerte del hijo mayor, que falleció en accidente quince años atrás. Aunque el caserón y el menú de la madre apenas hayan cambiado con el paso de los años, se aprecian ligeros cambios en cada miembro de la familia. Se trata de una típica familia, donde reinan el amor, los rencores y los secretos.

CRÍTICA: No deja de ser curioso que en una semana haya tres películas en la cartelera que retraten dramas familiares relacionados con la pérdida. La semana pasada analizaba “Un cuento de Navidad”, un retrato sobre una familia que antaño había perdido a uno de sus miembros. En “Still Walking” la situación es muy similar, sólo que el retrato de Koreeda posee un tono más poético, pausado y natural que el de Despelchim. A ellas se les añade “Génova”, de Michael Winterbottom, la cual nos habla de una familia que ha perdido a la madre y se traslada a la ciudad italiana para buscar un nuevo comienzo.

Sin embargo, a pesar de las notables diferencias de estilo, en todas estas películas la ausencia se erige como el máximo poder condicionante. Los tres directores conciben la familia como un organismo vivo, un todo de cada una de sus partes; de tal modo que cuando una de ellas se pierde, ese todo nota la ausencia y es incapaz de recomponerse. En “Still Walking”, la ausencia del hijo fallecido está siempre presente; esta paradoja es precisamente la brecha a través de la cual Koreeda explora el interior de sus personajes. Hasta puede decirse que todas las escenas dejan un espacio a ese vacío existente en la familia y que ha transformado a cada uno de sus miembros: el otro hijo no puede evitar compararse con el fallecido y sufrir la desilusión de su padre. Por su parte, la madre desahoga su dolor sobre el responsable de la muerte de su hijo, sometiéndolo a una dura humillación.

El gran logro de Koreeda en esta obra es vestir la situación como una tranquila reunión familiar en la que pequeños detalles nos dejan ver la dolorosa verdad. Y es que el director nipón comprende perfectamente que el cine es la capacidad de jugar con la ausencia. La historia del séptimo arte ha demostrado que el potencial de la historia debe ser como un iceberg: se ha de mostrar sólo una parte de la verdad, pues al emplear la sugerencia esa verdad distribuye su fuerza desde el inicio hasta el final del relato. La ausencia del hijo fallecido se hace presente en unos pocos momentos del filme a través de varias maneras (conversaciones, fotografías, su lápida, una mariposa…). Es esa ejemplar distribución la que provoca un increíble poder evocador en la historia, un poder que nos indica que esa ausencia es el pilar del relato.



Koreeda también ofrece una brillante lección de cine al utilizar el lenguaje más apropiado para la historia: un estilo que bebe directamente del maestro Yasujiro Ozu, pero perfectamente adaptado a nuestro tiempo. “Still Walking” recurre en varias ocasiones a esos planos estáticos y contemplativos tan característicos de obras maestras de Ozu como “Cuentos de Tokio” o “Primavera tardía” (en las cuales también se produce el choque generacional), pero los completa con otros planos detalle que favorecen al dinamismo y al simbolismo. Además, tal y como indica el título (“Caminando”), Koreeda convierte el paseo en un recurso habitual, y lo hace para señalar que la vida sigue su camino a pesar de las pérdidas, y que los muertos siguen presentes en la memoria de los vivos.

Por tanto, “Still Walking” constituye todo un ejemplo de puro cine al lograr una perfecta armonía entre estilo (o relato) e historia, así como una perfecta muestra simbólica de uno de los mayores dramas que asolan a las familias: la pérdida de uno de sus miembros. Al igual que en esta película, el cine contemporáneo también juega con la ausencia de obras maestras, de modo que cuando éstas asoman se produce una doble satisfacción.

TITULO ORIGINAL Aruitemo, Aruitemo (Still Walking) Japón 2008. 108 min. DIRECTOR Hirokazu Koreeda (AKA Hirokazu Kore-eda) GUIÓN Hirokazu Koreeda (AKA Hirokazu Kore-eda) MÚSICA Gonchichi FOTOGRAFÍA Yutaka Yamasaki REPARTO Abe Hiroshi, Natsukawa Yui, You, Takahashi Kazuya, Kiki Kirin

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