
SINOPSIS: Nueva entrega de la mítica saga de Star Trek, en la cual se cuentan el comienzo de las aventuras de la USS Enterprise y su tripulación, comandada por el clásico Capitán Kirk (Chris Pine) y Spock (Zachary Quinto). . La tripulación de la USS está liderada por el Capitán Christopher Pike (Bruce Greenwood). También están el Oficial Médico, Leonard "Bones" McCoy (Karl Urban); el hombre que pasará a ser el ingeniero jefe del buque, Montgomery "Scotty" Scott (Simon Pegg); el oficial de comunicaciones Uhura (Zoë Saldaña); el experimentado Timonel Sulu (John Cho) y el joven de 17 Chekov (Anton Yelchin). Todos se enfrentan a un angustioso primer ensayo frente al amargado Nero (Eric Bana).
CRÍTICA: Es interesante comprobar cómo, desde El caballero oscuro, la industria cinematográfica actual ha dado un giro de 180 grados en lo que al tratamiento de historias se refiere. Ahora, toda productora que se precie sueña con un “combo” que incluya un éxito de taquilla con un éxito de crítica. Lo cierto es que el panorama actual de ficción audiovisual ha dejado ver que toda obra tiene un legado que debe dejar una buena huella, para que las futuras secuelas puedan seguir su misma estela. Y es que las películas se han quedado cortas. Si antes, su mayor añadido eran sus avances técnicos, lo que ahora pide el público son adelantos narrativos. Hollywood se encuentra ahora mismo en una de las mayores revoluciones de su historia, ya que los avances técnicos ya casi han alcanzado su cenit: todo lo visualmente imaginable ya es posible. Esto ha provocado que la audiencia comience a pedirle a las obras de ficción un relleno a ese bello envoltorio que las recubre. Un relleno que en los últimos años se ha encontrado en la televisión, concretamente en obras maestras como Los Soprano, Hermanos de Sangre, A dos metros bajo tierra, John Adams o Perdidos.
CRÍTICA: Es interesante comprobar cómo, desde El caballero oscuro, la industria cinematográfica actual ha dado un giro de 180 grados en lo que al tratamiento de historias se refiere. Ahora, toda productora que se precie sueña con un “combo” que incluya un éxito de taquilla con un éxito de crítica. Lo cierto es que el panorama actual de ficción audiovisual ha dejado ver que toda obra tiene un legado que debe dejar una buena huella, para que las futuras secuelas puedan seguir su misma estela. Y es que las películas se han quedado cortas. Si antes, su mayor añadido eran sus avances técnicos, lo que ahora pide el público son adelantos narrativos. Hollywood se encuentra ahora mismo en una de las mayores revoluciones de su historia, ya que los avances técnicos ya casi han alcanzado su cenit: todo lo visualmente imaginable ya es posible. Esto ha provocado que la audiencia comience a pedirle a las obras de ficción un relleno a ese bello envoltorio que las recubre. Un relleno que en los últimos años se ha encontrado en la televisión, concretamente en obras maestras como Los Soprano, Hermanos de Sangre, A dos metros bajo tierra, John Adams o Perdidos.
Las series de televisión tienen como misión principal la fidelización de la audiencia, un objetivo que debe ir cumpliéndose en cada capítulo. Por ello, cada pieza debe poseer una calidad narrativa mínima que mantenga el interés del espectador en vilo hasta la semana siguiente. Lo mejor de todo es que la HBO, (una cadena de pago que no tiene la presión de la publicidad), ha puesto el listón de calidad tan alto que aquellas series que no gozan de una riqueza en sus historias comparable a las de esta cadena están condenadas al fracaso. Es por eso que el rey de la televisión no es el director, como en las películas, sino el guionista (o guionistas), el arquitecto de la historia, de cuya pluma depende el éxito de una serie. La realidad es que las series se han “comido” al cine; el cual se ha visto obligado a evolucionar uniendo su condición de espectacularidad a una profundidad narrativa. Una combinación que da como resultado productos exitosos como El caballero oscuro. Para conseguir dicha profundidad, Hollywood se ha visto obligado a buscar allí donde ésta se encuentra: en el antaño maltratado mundo del guión, que ahora ha encontrado su hueco en la televisión. Y he aquí el resultado, un guionista de televisión, dirigiendo una superproducción hollywoodiense como es Star Trek.

Hago esta reflexión para poder colocar al espectador en el contexto cinematográfico más actual, un contexto en el que los que mandan son aquellos que tratan lo la esencia de la ficción: sus historias. J.J. Abrams comenzó su andadura como guionista en películas como A propósito de Henry, o Armageddon. Luego daría el salto a la televisión de la mano de series como Felicity y Alias. Esta última lo consagró como uno de los iniciadores de lo que podríamos denominar como “series cinematográficas”, un concepto que alcanzó su culmen con el siguiente trabajo de este “ficcionalista multidisciplinar” (es guionista, productor y director): Perdidos, considerada como la serie más innovadora de la televisión y paradigma principal de la nueva narrativa audiovisual contemporánea.
El concepto de “series cinematográficas” se define como la aplicación en las series de elementos que hasta entonces se utilizaban en el cine. Me refiero a elementos como el tipo de historia, el coste de producción, las interpretaciones, los planos, técnicas narrativas (los “flashbacks”) etc. De este modo, las series han terminado por convertirse en “películas alargadas”; lo cual ha permitido una mayor profundización en los personajes que forman la historia, y ésa es la principal baza de su éxito. Hay que apuntar que la originalidad de este nuevo formato no estriba en sus historias, sino en su aplicación. Porque la originalidad no es la creación de algo nuevo de la nada, sino una combinación nueva de elementos ya existentes en otros ámbitos. Ésa es la base de las “series cinematográficas” y del pensamiento de Abrams.
En el caso de Star Trek, Abrams (que confesó que nunca fue fan de esta saga) aplicó su forma de trabajo a rajatabla. Para él, lo más importante era la creación de un producto nuevo a partir de historias ya conocidas y un contexto ya consolidado como es el de Star Trek. El personaje del capitán Kirk es una copia exacta de otros ya existentes (por ejemplo, Mel Gibson en Arma Letal), así como el conflicto de Spock: un hombre marcado por el rechazo que sufre de su raza debido a su condición mestiza (como Aragorn en El Señor de los Anillos), y la condición vengativa de Nero (la misma que la de Ed Harris en La Roca).
En el caso de Star Trek, Abrams (que confesó que nunca fue fan de esta saga) aplicó su forma de trabajo a rajatabla. Para él, lo más importante era la creación de un producto nuevo a partir de historias ya conocidas y un contexto ya consolidado como es el de Star Trek. El personaje del capitán Kirk es una copia exacta de otros ya existentes (por ejemplo, Mel Gibson en Arma Letal), así como el conflicto de Spock: un hombre marcado por el rechazo que sufre de su raza debido a su condición mestiza (como Aragorn en El Señor de los Anillos), y la condición vengativa de Nero (la misma que la de Ed Harris en La Roca).

A ello se le debe unir una historia en la que se mezclan los ingredientes de la ciencia-ficción más extrema: naves espaciales, civilizaciones interestelares o viajes en el tiempo (una idea muy recurrente en la filmografía de Abrams). Sin embargo, dicha mixtura resulta cercana al público, ya que las fuentes de las surge tal jugo narrativo son de sobra conocidas. Por tanto, Star Trek es una película que bebe de otras películas, de toda una tradición cinematográfica que facilita la comprensión del público, el cual está preparado para recibir más elementos. Esto quiere decir que la nueva narrativa permite contar más en menos tiempo, lo cual permite invertir más tiempo en escenas espectaculares o humorísticas, las cuales perfilarán la impresión final del espectador hacia la película. Por esa razón, la visión unánime sobre esta película es que se trata de un producto entretenido de principio a fin y cuya complejidad es completamente accesible.
De momento, Star Trek se presenta como un concepto en sí mismo, un manifiesto de esta nueva “narrativa de reciclaje”; el cual terminará por agotarse, pero dará lugar a otros nuevos modos de contar. Porque en el mundo de las historias el único límite es la capacidad perceptiva de aquel al que van dirigidas, una capacidad que puede ser desarrollada hasta el infinito. Para ello, sólo ha hecho falta tiempo. De momento, ya llevamos muchos siglos de historias y más de cien años de cine.
TITULO ORIGINAL Star Trek XI. EEUU 2009 126min DIRECTOR J.J. Abrams GUIÓN Alex Kurtzman, Roberto Orci (Personajes: Gene Roddenberry) MÚSICA Michael Giacchino FOTOGRAFÍA Daniel Mindel REPARTO Chris Pine, Zachary Quinto, Eric Bana, Winona Ryder, Zoe Saldana, Karl Urban, Leonard Nimoy
De momento, Star Trek se presenta como un concepto en sí mismo, un manifiesto de esta nueva “narrativa de reciclaje”; el cual terminará por agotarse, pero dará lugar a otros nuevos modos de contar. Porque en el mundo de las historias el único límite es la capacidad perceptiva de aquel al que van dirigidas, una capacidad que puede ser desarrollada hasta el infinito. Para ello, sólo ha hecho falta tiempo. De momento, ya llevamos muchos siglos de historias y más de cien años de cine.
TITULO ORIGINAL Star Trek XI. EEUU 2009 126min DIRECTOR J.J. Abrams GUIÓN Alex Kurtzman, Roberto Orci (Personajes: Gene Roddenberry) MÚSICA Michael Giacchino FOTOGRAFÍA Daniel Mindel REPARTO Chris Pine, Zachary Quinto, Eric Bana, Winona Ryder, Zoe Saldana, Karl Urban, Leonard Nimoy
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