lunes, 23 de febrero de 2009

'Quantum of solace': 007 y el nuevo héroe moderno















La esperada continuación de Casino Royale ya está a disposición de todo el planeta. La segunda parte de la saga de tres películas escritas por el guionista Paul Haggis (Million dollar Baby, Cartas desde Iwo Jima o Crash) tenía a todos en vilo por la sencilla razón de que la primera se convirtió en una de las mayores revoluciones de la historia del cine; y me refiero a revolución como un cambio violento en lo que se refiere a la concepción de un personaje tan enigmático como lo es James Bond.

Casino Royale fue, desde luego, una gran sorpresa. De pronto, aquel galán de peinados y corazón irrompibles pasaba a convertirse en un antihéroe repleto de conflictos morales, falta de escrupulosidad y una debilidad sentimental que le producía más dolor que las múltiples heridas que poblaban su cuerpo. James Bond se hizo humano con el rostro de Daniel Craig y la mano de Paul Haggis; y ambos fueron aclamados por ello, tanto por la crítica como por el público. Una transformación que hemos visto recientemente en otro clásico de la pantalla (tanto grande como pequeña): Batman; que en El Caballero Oscuro demuestra que ha pasado de ser una caricatura a convertirse en un juez del sistema social. El nuevo Bond no juzga este sistema, sencillamente lo ignora, a pesar de que nunca deja de arriesgar su vida para salvarlo. Así pues, la narrativa del cine ha evolucionado: los héroes deben vivir al margen del sistema que protegen porque el enemigo está dentro de él.


Esta cruel ironía asedia al héroe moderno, provocándole continuos conflictos morales sobre el devenir de su ser. Y por eso resulta más atractivo: sólo un verdadero héroe estaría dispuesto a vivir una vida tan carente de sentido: no hay ovaciones, ni descanso, ni amor; ni siquiera un recuerdo de su existencia en cuanto muera. Se entiende, pues, que el nuevo héroe sienta desprecio hacia aquellos que salva, porque es el único modo de mantenerse al margen de ellos y la envidia que le provocan. En Casino Royale, Bond probó la manzana prohibida cuando se enamoró de Vesper, y durante un breve lapso de tiempo se sintió humano; por eso decidió dejar su profesión. Sin embargo, esa humanidad desapareció en cuanto ella le traicionó para salvarle y luego se quitó la vida. Nadie puede escapar de su destino, comprendió Bond, y por tanto es mejor no hacerse ilusiones. Así pues, volvió a ser el que era, pero víctima de una frustración que motivaría su venganza.

Ése era el mensaje de Casino Royale, y a la vez el comienzo de Quantum of Solace, una nueva etapa en la que el protagonista abandona cualquier deseo de ser humano eliminando a aquellos que le robaron la ilusión de serlo. En este caso se trata de la organización Quantum, dirigida por los antiguos jefes de Vesper y responsables de su muerte. Así pues, Bond esculpe en esta película su completa deshumanización, y cualquier tentación que le invite a lo contrario será eliminada. Y quizá ése es el error de la película: un héroe que camina hacia su propia destrucción en lugar de buscar una salida hacia la luz. Ello convierte a este Bond 22 en un relato carente de humanismo, en el que el espectador no encuentra ningún paralelismo que le sirva para identificarse con el protagonista, sino que es un mero testigo de sus pasos tortuosos. De ahí la extraña relación con la chica 22 (Olga Kurylenko). Ella persigue lo mismo que él, pero ese cruce de intereses se produce mientras ella asciende al cielo y el desciende a los infiernos.

Por supuesto, todo este drama interno está acompañado de las escenas de acción pertinentes (más tediosas y mareantes que todas las películas anteriores, incluso llegan a ser ininteligibles), publicidad encubierta y la sombra de un plan dirigido por un malvado (Mathieu Almaric) que no goza ni del protagonismo ni del carácter del anterior, por lo que queda reducido a un ser casi patético e incapaz de ponerse a la altura del héroe. Quizá porque él no es el verdadero enemigo, solo un miembro de un cuerpo más grande: Quantum.

En conclusión, no olvidemos que todo ese despliegue es una excusa para contarnos una interesante evolución de este nuevo héroe moderno, que tendrá su culminación en la tercera y última parte del Bond de Daniel Craig y Paul Haggis, de momento conocida como Bond 23.


Título original: Quantum of Solace (EEUU 2008). 106 min.. Director: Marc Forster Guión: Robert Wade, Paul Haggis, Neal Purvis (basado en el personaje de Ian Fleming) Música. David Arnold Fotografía: Roberto Schaefer Reparto: Daniel Craig, Judi Dench, Olga Kurylenko, Mathieu Amalric, Jesper Christensen, Joaquín Cosio, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Gemma Arterton Productora: Metro-Goldwyn-Mayer / Columbia Pictures