SINOPSIS: Walter Vale (Richard Jenkins), un viudo profesor universitario de Connecticut, viaja a Nueva York y descubre viviendo en su apartamento de Manhattan a una joven pareja inmigrante. Tarek (Haaz Sleiman), un músico Sirio, y Zainab (Danai Gurira), su novia senegalesa, viven allí porque alguien les ha alquilado el apartamento, haciéndose pasar por el dueño. Walter les dejará pasar la noche, sin saber que ello va a cambiarle la vida.
CRÍTICA: La música africana consta de tres tiempos en lugar de los cuatro que tiene la occidental. Esa ligera diferencia crea un sonido mucho más animado y simplificado basado fundamentalmente en la percusión. Los sucesivos golpes en la membrana despiertan un ritmo interior que fluye de forma más rápida e intensa en la persona. En “The Visitor”, Walter ha seguido durante toda su vida el compás de la música occidental: su difunta esposa era pianista. Desde su muerte, el ritmo vital de Walter se ha apagado, la melodía que antes le parecía maravillosa es ahora un sonido melancólico, solitario y repetitivo en su existencia. Él ya no es capaz de tocar el piano de su mujer, ya no es capaz de seguir el compás de la música que ha escuchado desde siempre.
De pronto, su descompasada vida cobra un nuevo significado con la aparición de Tarek, un joven inmigrante sirio de gran corazón que se dedica a tocar el djembé, un instrumento de percusión africano que desde el primer instante llama la atención de Walter. De este modo, Walter aparca toda su vida por un instante y se entrega por completo a un nuevo tipo de música, una música de ritmo diferente, más rápido, más simple, más alegre, más despreocupado, y para la cual no es necesario pensar, ni tener una carrera profesional, ni haber escrito montones de libros; tan sólo un alma dispuesta a manifestarse a través golpes acompasados y que pueden cambiarse en cualquier momento. Esta música sólo tiene un dueño: aquel que la toca. Él o ella decide qué golpe debe darse en qué momento, y no importa cuál sea, pues el ritmo seguirá existiendo.
Por tanto, Walter cambia por completo el compás de su vida, alejándola del complejo pentagrama y los matices de las distintas notas, de modo que esa simplificación en la música le lleva a hacer lo mismo consigo: al final, Walter lo único verdaderamente importante es saber amar y ser amado, sin que importe la raza, la cultura o los estudios. Para amar, al igual que en la música africana, no es necesaria una destreza especial, sino un alma deseosa de hacerlo. Y cuando esa alma se abre a los demás, el resultado es una melodía puramente humana y siempre acompasada.
La película de McCarthy es también un hábil ejercicio de ritmo. El director ha conseguido (aunque no a la perfección) que cada aspecto de la misma se adecue a la evolución de Walter: el montaje se vuelve más versátil, los planos son menos estáticos y las situaciones más intensas. Asimismo, también aprovecha para denunciar el ritmo que actualmente sigue la sociedad americana. Tras el cambio de tempo que supuso el 11-S ésta se ha vuelto más desconfiada y temerosa, y ha escondido su alma, un alma que sólo resurgirá si el ritmo de la melodía cambia de compás.
TITULO ORIGINAL The Visitor. 2007 EEUU 108 min. DIRECTOR Thomas McCarthy GUIÓN Thomas McCarthy MÚSICA Jan A.P. Kaczmarek FOTOGRAFÍA Oliver Bokelberg REPARTO Richard Jenkins, Haaz Sleiman, Danai Jekesai Gurira, Hiam Abbass, Marian Seldes
ola kike!!
ResponderEliminarya sabia que tenías blog, de hecho te leo todas las publicaciones...
x cierto muy interesante, me gusta la manera en que tratas a las películas, dan ganas de ir a verlas, jeje
en serio, blog muy weno..
un abrazo