martes, 3 de marzo de 2009

“RocknRolla”: Guy Ritchie ha vuelto


Después de noquear a toda la población británica con aquellas magníficas películas-videoclip que fueron "Lock, Stock and Two Smoking Barrels" y "Snatch, cerdos y diamantes"; ambas, retratos gamberros de los ingleses más caraduras, rastreros y “chungos”; Guy Ritchie, el chico malo de su majestad, se volvió tierno como un corderito después de contraer matrimonio con la famosa más famosa: Madonna. Desde el enlace con la Reina del Pop, Ritchie debilitó sus golpes con la cámara y cometió su “suicidio”, cinematográfico: “Barridos por la marea”, una película protagonizado por su esposa que fue un rotundo fracaso y que casi acaba con su carrera.

A ella se le une “Revolver”, que no hizo más que ahondar en el fondo del lodazal en el que Ritchie se encontraba. Sin embargo, al igual que en la parábola, el hijo pródigo de los bajos fondos decidió arrepentirse y volver a sus orígenes: allí donde moran aquellos truhanes que tan bien sabe retratar como nadie. “RocknRolla” es, pues, una redención personal, un reencuentro con una realidad de estilo propio. Los personajes de Ritchie, son “listillos” sin escrúpulos que buscan entre la basura los agujeros legales del sistema social para llegar a un fin común: el dinero. Dinero para drogas, dinero para armas y dinero para más dinero. Y precisamente es el dinero el que genera todas las tramas de las obras estilo “Ritchie”. Los pícaros se roban, matan y estafan entre ellos, siempre a tenor de un elemento (de alto valor) que navega por manos diferentes y que sirve de excusa para relacionarlos a unos con otros (Si en “Snatch” era el diamante, en esta última película es el cuadro).


Con “RocknRolla”, Ritchie dibuja a su gran creación, la suma de todos sus personajes en uno sólo, el truhán por excelencia. Tal y como se enuncia al principio del filme, un RocknRolla lo quiere todo: drogas, dinero, mujeres y armas. Así pues, Guy Ritchie ha vuelto (irónicamente, después de romper con Madonna), y lo ha hecho aglutinando todo su estilo, provocando un knock-out rompedor que lo devuelve a la palestra con honores (ahora prepara su personalísima versión de Sherlock Holmes, con Robert Downey Jr. y Jude Law) y fiel a su estilo: montaje inquieto, situaciones enredadas y grosero humor negro. Aunque muchos lo califiquen de copiar a Tarantino, Ritchie ha creado su propio universo y dentro de él es el rey.

Por tanto, RocknRolla es una buena película porque da un paso más en el estilo de este autor de culto, que ofrece su visión de la sociedad inglesa más baja de espíritu (tan digna de consideración como puede ser la de Ken Loach), creando una caricatura trepidante y sin pausa que consigue el hoy tan difícil reto de entretener y divertir al público. Al fin y al cabo, ése también es uno de los objetivos del cine y de la gran mayoría de las películas. “RocknRolla” lo consigue, y con calidad.

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