martes, 3 de marzo de 2009

'Australia': lo que Baz Luhrman se llevó


Desde que surgió la noticia de esta película, todos los amantes del cine sentimos una leve punzada en el corazón. Por fin, después de muchos años, volvía a surgir una obra con el espíritu de aquellas superproducciones que atiborraban las salas de espectadores y sus ojos de lágrimas en la edad dorada del cine. Grandes películas como “Lo que el viento se llevó”, “Doctor Zhivago” o “Ben Hur”, lo son porque detrás de su gran presupuesto estaba ligada una gran historia, en la que afloraban multitud de temas humanos con un mascarón de proa común: el amor. Nunca faltaba en estas películas el relato de un romance imposibilitado por las circunstancias que acosaban a los protagonistas. Unas circunstancias que siempre abanderaban el tema principal y que mayoritariamente tomaban forma en o en un antagonista condenado a la muerte por los propios espectadores.

Aquellas películas suponía una bocanada de vanidad para la industria americana, en su afán por trasladar al espectador al mundo de los sueños, yque sólo el cine puede hacer realidad. Así pues, eran ocasiones en las que el exceso era el padre de todos los elementos: el coste, el caché de los protagonistas, el número de extras y, por supuesto, la duración. Cuantos más elementos se ponen en juego, más tiempo se necesita para ordenarlos. Sin embargo, a pesar de su vanidad, estas películas no pecaban nunca de sobriedad narrativa: los guiones eran brillantes y sólidos como un diamante bruto, asegurando así la calidad argumental de estas producciones y su perpetuidad en la historia del cine. Por ejemplo “Lo que el viento se llevó” es una obra maestra que nos habla de la relación entre Scarlett O'Hara y Tara, su lugar de origen, así como una reflexión sobre las consecuencias de la Guerra Civil y la capacidad del ser humano de superar las adversidades. Temas similares rondan por el guión de Ben-Hur, a los que se une la justa venganza.


Desgraciadamente, esto es lo que le falta a “Australia”. Su director, Baz Luhrman ('Romeo+Julieta' y 'Moulin Rouge'), se preocupó más de la estética del film que de su escritura, por lo que se aprovisiona de continuos clichés narrativos para crear los nexos que el guión requería. Un guión que busca encontrar sus sustento en una denuncia contra la 'generación robada' (el rapto de los niños mestizos de sus familias que sufrió Australia hasta los 70) recurriendo al misticismo y a la ternura del infante que narra la historia. Por tanto, la pobreza y anti-originalidad del fondo no se corresponden con la pretenciosidad de la forma. Esta descompensación arrastra por los suelos todas las expectativas basadas en el prestigio de sus antecesoras y la brutal campaña de marketing para promocionar el país que da título a la película: Australia. Y eso es quizá su mejor baza. Luhrman es un maestro de la imagen, eso nadie puede negarlo, y sus planos están muy cuidados: los cortos son muy detallistas y los generales muy pictóricos. Los paisajes son retratados de un modo excepcional, tanto es así que se diferencian enormemente de las imágenes creadas digitalmente. Estas últimas son demasiado notorias e interrumpen el viaje del espectador.

En conclusión, “Australia” peca de engreída y se olvida de esos toques de clasicismo y fortaleza en la historia, que son la base de ese cine que pretende resucitar. No obstante, esa etiqueta juega a su favor en ciertos momentos de espectacularidad que provocan las delicias del espectador. Además, aunque pueda parecer increíble, todos los elementos están habilmente colocados y ligados de tal modo que impiden el aburrimiento durante las casi tres horas de metraje. Sin embargo, ello no impide que al final aparezca una ligera sensación de rabia hacia lo que pudo haber sido y no fue.

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