sábado, 7 de marzo de 2009

‘Vals con Bashir’ y la memoria histórica











SINOPSIS: Una noche, en un bar, un viejo amigo cuenta al director Ari que tiene una pesadilla recurrente en la que le persiguen 26 perros. Cada noche, el mismo número de animales. Los dos hombres llegan a la conclusión de que tiene que ver con una misión que realizaron para el ejército israelí durante la primera guerra con el Líbano a principios de los años ochenta. Ari se sorprende ante el hecho de que no recuerde nada de ese periodo de su vida. Intrigado, decide ver y hablar con viejos amigos y antiguos compañeros dispersados por el mundo entero. Necesita saber la verdad acerca de ese periodo y de sí mismo. Ari escarba cada vez más y sus recuerdos empiezan a reaparecer mediante imágenes cada vez más surrealistas.
CRÍTICA: La fantasía de todo hombre surge a partir de relaciones aleatorias entre los distintos elementos que conforman el mundo. Dichos elementos sólo se retienen en la memoria, que es la que crea dichas asociaciones, unas asociaciones que encuentran la manera de hacerse realidad y crear sentimientos falsos a través de los involuntarios sueños. Esos sueños conforman, de algún modo, una visión fantástica de la vida de esa persona que los ha tenido. Por tanto, podemos concluir en que toda persona tiene su propia historia guardada en su memoria. Así lo vio Ari Folman, y así nos lo transmitió
“Vals con Bashir” supone un temerario paso más hacia la consolidación de la narrativa audiovisual como el más perfecto modo de expresión humano. Si en “El curioso caso de Benjamín Button”, David Fincher se atrevía a intentar plasmar el paso del tiempo, Ari Folman pretende contar en esta película una historia a partir de imágenes completamente subjetivas y metafóricas que representan de un modo surrealista las consecuencias de un conflicto que terminaría saldándose con masacre de Sabra y Chatila, un hecho que el propio autor vivió y que su memoria había sustituido por un extraño sueño.

Así pues, la película rescata un recurso del cine documental: la auto-introspección, en el que el propio autor bucea a través de sí mismo para descubrir una realidad que ha permanecido escondida durante largo tiempo. Si este guión ya es en sí mismo todo un atrevimiento, más aún lo es el modo de expresión: una animación que se ha construido sobre imágenes reales. Ello dota a la historia de una gama de variantes cromáticas adecuadas a cada una de las situaciones que en poseen mucha más fuerza expresiva que cualquier imagen real. El autor deja claro que su objetivo no es hacer una animación de calidad técnica (de hecho los movimientos son muy sencillos) sino de calidad expresiva, introduciendo al espectador en su propio sueño a través de pinturas hipnotizantes y una música (del maestro Max Richter) que en todo momento nos mantiene elevados en ese curioso mundo que conforma la memoria del autor.
Así pues, Ari Folman ha querido compartir con todos nosotros, todo lo que sintió cuando fue descubriendo que él había sido testigo de la mayor masacre de la guerra del Líbano, una masacre que el ejército israelí se negó a detener. Ante tal situación, el único modo de escapar a la culpa es o bien olvidar, o bien sustituir dichos recuerdos por otras imágenes que permanecen pero que nunca comprenderemos a no ser que indaguemos sobre ellas.

TITULO ORIGINAL Waltz with Bashir. Israel. 2008. 87 min. Animación DIRECTOR Ari Folman GUIÓN Ari Folman MÚSICA Max Richter

No hay comentarios:

Publicar un comentario